jueves, 28 de noviembre de 2013

Los desposeídos, una utopía ambigua - Úrsula Le Guin

Porque cada uno de nosotros lo merece todo, todos los 
lujos que alguna vez estuvieron acumulados en las tumbas 
de los reyes muertos, y cada uno de nosotros no merece 
nada, ni un bocado de pan cuando tiene hambre. ¿Acaso 
no hemos comido cuando otros sufrían hambre? ¿Nos 
castigaréis por eso? 

¿Nos premiaréis por la virtud de pasar hambre mientras 
otros comían? Ningún hombre gana el castigo, ningún 
hombre gana la recompensa. Libera tu mente de la idea de 
merecer, la idea de obtener y empezarás a ser capaz de 
pensar [...] Las normas son siempre tiránicas. El deber 
del individuo es no aceptar ninguna norma, decidir su 
propia conducta, ser responsable. Sólo así la sociedad 
vivirá, y cambiará, y se adaptará, y sobrevivirá. No somos 
súbditos de un Estado fundado en la ley, somos miembros
de una sociedad fundada en la revolución.

La revolución nos obliga: es nuestra esperanza de cambio.
La revolución está en el espíritu del individuo, o en ninguna
parte. Es para todos, o no es nada. Si tiene un fin, nunca
tendrá principio.No podemos detenernos aquí. Hay que
seguir adelante. Hay que correr riesgos

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